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Participación ciudadana, del clientelismo a la corresponsabilidad – Parte 2

Actualizado: 31 de mar de 2020

Cuando iniciamos el proceso de creación de una nueva ordenanza de participación ciudadana y control social siempre creímos que hacerlo de manera participativa, si bien iba a ser más complejo y largo, era la única forma de crear normativa que responda a las necesidades reales de las personas, que pueda ser implementada y que no se quede en letra muerta como mucha de nuestra legislación.

Es así que una vez que el Concejo Metropolitano discutió el texto para primer debate de esta ordenanza, a inicios de noviembre, realizamos asambleas ciudadanas en todo el territorio del Distrito Metropolitano de Quito escuchando las propuestas de los ciudadanos sobre el texto. Es decir, una construcción verdaderamente participativa de la ordenanza. Los insumos planteados por la ciudadanía están siendo discutidos y analizados para su incorporación en el texto para segundo debate y aprobación por parte del Concejo Metropolitano.

La semana pasada terminamos las asambleas ciudadanas que realizamos en cada una de las administraciones zonales. Estuvimos en Quitumbe, en Eloy Alfaro, en el Centro Histórico, en Nanegalito, La Delicia, Calderón y Carapungo, Los Chillos, La Mariscal y Eugenio Espejo. Me alegró de sobremanera la acogida, pues en cada asamblea participaron entre 150 a 300 personas. Inclusive en varias asambleas los ciudadanos decidieron auto convocarse para seguir analizando la ordenanza y poder enviar más propuestas. Les soy sincera, no me hubiera imaginado que un proyecto de ordenanza podría tener tal acogida.

Me gustaría compartir con ustedes algunas reflexiones sobre esta experiencia de la construcción participativa de una ordenanza. Desde lo negativo, decir que dado el déficit de participación ciudadana que hemos tenido en la última década y la manipulación de este derecho ciudadano, existe desconfianza sobre lo que las autoridades planteamos. En varias asambleas, los ciudadanos no creían que estábamos discutiendo un texto de borrador y pensaban que habíamos acudido a ellos para “sociabilizar” un texto ya aprobado. Por otro lado, también sentimos falta de interés de discutir una ordenanza y mayor interés por tratar las necesidades puntuales de los barrios.

Sin perjuicio de estos aspectos negativos, el saldo fue positivo. Aprendí mucho de los ciudadanos y estas asambleas nos sirvieron para profundizar, incluir y mejorar algunos de los temas de la ordenanza. Por ejemplo, clarificar los procedimientos de presupuestos participativos y los mecanismos de cogestión para barrios en proceso de consolidación.  Es decir, que se tenga en cuenta las diferentes formas en que la comunidad puede contribuir a la gestión pública, no sólo con recursos económicos. Se sugirió, por ejemplo, especificar a la minga y al trabajo coordinado y conjunto con el sector de la economía popular y  solidaria y el sector privado e industrial. Que la construcción de la ciudad sea tripartita, comunidad, sector privado y municipio.

También surgió mucho el que el Municipio reconozca las diferentes formas de participación de los ciudadanos y a las organizaciones de hecho que merecen ser parte del debate sin necesidad de tener un registro legal. La participación ciudadana es un derecho fundamental y no debe tener cortapisas o requisitos que desincentiven a los ciudadanos a utilizar las herramientas que la ordenanza está planteando.

Encontramos mucha preocupación sobre cómo incentivar la participación de minorías, jóvenes, colectivos culturales, es decir, cómo romper con las viejas dirigencias que ya no representan a la ciudadanía. La capacitación en las competencias del municipio y en los procesos de aprobación de ordenanzas como factores fundamentales para elevar el debate ciudadano. Y finalmente, desde las parroquias rurales un llamado de atención para que la ordenanza no sea sólo pensada desde lo urbano, sino también desde la diversidad de la ruralidad.

La participación ciudadana es un gran reto. No es fácil lograr que cada vez haya más ciudadanos que se interesen por participar en la creación de ordenanzas o la toma de decisiones. Pero una vez que nos empoderemos de nuestro rol de ciudadanos y asumamos nuestra corresponsabilidad, estoy convencida que, ciudadanos y autoridades, podremos co-crear lo que soñamos para Quito. Mi compromiso con ustedes es que a pesar de las dificultades y los retos, siempre tendré a la participación ciudadana como un eje transversal de mi gestión. Es la manera de alejarnos del clientelismo y fomentar juntos una verdadera cultura de corresponsabilidad.

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